Batalla de Taillebourg por Delacroix

Batalla de Taillebourg por Delacroix Versalles

Batalla de Taillebourg. Delacroix. Salón de las Batallas. Palacio de Versalles.

La batalla de Taillebourg enfrentó a los Capetos Luis IX de Francia (San Luis) y su hermano Alfonso de Poitiers contra los rebeldes de Hugo X de Angulema y el rey Enrique III de Inglaterra.

La batalla se libró en el puente sobre el río Charente, un punto estratégico de vital importancia entre el Norte y el Sur de Francia y posteriormente en la ciudad de Saintes. A esta ciudad habían huido tanto Hugo X como Enrique III, hasta donde los persiguió el ejército francés. En dicha ciudad continuó la batalla, derrotando de nuevo al ejército inglés, ya sin líderes. Enrique III aún intentó un bloqueo en La Rochelle, pero también cayó en breve.

Bastante peor suerte tuvo Hugo X de Angulema: sus castillos de la zona de Poitevin fueron arrasados y sus bienes confiscados. Su hija Isabel fue dada en matrimonio a su archienemigo, Geoffrey de Rançon, señor de Gençay, que acabó reconstruyendo el castillo de su suegro con el dinero de la dote.

La batalla resultó en una decisiva victoria de Francia, no sólo por poner fin a la revuelta de la ciudad de Poitevin, sino porque determinó el status quo territorial entre Francia e Inglaterra.

En el cuadro, pintado por Delacroix en 1837, se muestra la carga de los caballeros franceses en todo su esplendor.

En el Louvre hay un borrador de un cuadro de este mismo tema, pero no parece tener mucho que ver.

La muerte de Santa Cecilia, de Étienne Gautier

La muerte de Santa Cecilia, Étienne Gautier. Museo de Orsay. Fue donada al Museo del Louvre por su propietario, el duque Filiberto de Rambuteau, fue destinado al Museo de Orsay en 1986, donde puede verse en la actualidad. 
Fue expuesto por primera vez en la exposición de París de 1878.

Más información:

“Condenada por haberse resistido a renunciar a su fe cristiana y a su virginidad , Cecilia muere a consecuencia de una tentativa fallida de decapitación ordenada por los jueces paganos. Castamente vestida con una túnica blanca de ribete bordado en oro y con una fíbula esmaltada prendida en ella , la santa lleva en sus brazos la palma del los mártires y una aureola de santidad rodea discretamente su rostro. Reflejo del mármol rojo imperial que sirve de fondo, su sangre mana de su cráneo y resalta vivamente sobre el peldaño de mármol blanco veteado . En primer plano, sobre un suelo decorado con un friso de grecas , el pintor ha colocado tres objetos simbólicos : la rosa cortada y colocada sobre la cimitarra ensangrentada indica la brevedad y también la pasión que caracterizaron la vida de Cecilia , mientras que la lira recuerda la música celeste , que , según La leyenda dorada escuchó durante su martirio y que la convirtió en patrona de los músicos.”

Batalla de Bouvines, de Horace Vernet

Batalla de Bouvines, Horace Vernet. Galería de las Batallas. Palacio de Versalles. Francia.
Alrededor de 25.500 hombres por el lado anglo-alemán y 22.000 por el lado inglés lucharon en las tierras alrededor de la pequeña localidad de Bouvines, al norte de París cerca del paso de Calais. Felipe II Augusto, miembro de la familia Capeta que reinaba en Francia desde el año 987, se enfrentó a una coalición formada por Juan sin Tierra, rey de Inglaterra, Otón IV, emperador de Alemania, y los condes de Flandes y Boulogne. 
(…)  
Otón de Brunwich, el emperador germano, se había aliado al bando inglés porque Felipe II Augusto, y el papado, no le apoyaban a él para obtener la corona del Reino de Sicilia, sino a Federico Hohenstaufen, el heredero de Barbarroja. La alegría les iba a durar poco: lo que tardó Federico en coronarse emperador también de Alemania, tras la muerte de Otón, y amenazar a los Estados Pontificios por el norte y por el sur. Para Felipe II de Francia, la ocasión era crucial.  
Desde el siglo XII, toda la franja atlántica del continente era frontera entre la Francia Capeta y la Inglaterra Plantagenet. Esto se había debido al matrimonio de Leonor duquesa de Aquitania con Enrique II Plantagenet en 1152. No os confundís: los Plantagenet eran también de origen francés. Efectivamente, familia originaria del condado de Anjou, los descendientes del conde Godofredo, casado con Matilde, hija del rey de Inglaterra, llegaron a ser también duques de Normandía y reyes de Inglaterra.
La escena del cuadro que nos ocupa hoy es anterior a la batalla. En él, aparece el rey francés, Felipe II Augusto dejando su corona en una mesa y ofreciéndola a aquél de sus nobles que pensara que iba a defender mejor Francia que él mismo. Ninguno la aceptó.
Más sobre esta batalla aquí.

La recepción del Gran Condé por Luis XIV, de Jean-Léon Gérôme

La recepción del Gran Condé por Luis XIV, de Jean-Léon Gérôme. Museo de Orsay. París. 1878.

En la gran escalera de los Embajadores, en Versalles, Luis XIV se prepara a recibir al Gran Condé en 1674, reciente vencedor de la batalla de Seneffe contra Guillermo de Orange. Con este gesto, pone término a un exilio de casi quince años, destinado a castigar a “su primo” por haber dirigido la Fronda contra el poder real.
Gérôme condensa en un lienzo de formato modesto toda su pasión por la reconstitución histórica. Para que la escena sea plausible, utiliza diferentes fuentes iconográficas: grabados del castillo de Versalles o retratos de los personajes representados.La composición está dinamizada por una vista de abajo arriba y por el descentramiento de la gran X que la sostiene. Gérôme despliega una paleta refinada, en la que la claridad del conjunto y la frialdad de los mármoles son reavivados por los colores de los trajes y de las banderas.
Gérôme pinta este cuadro con la esperanza de venderlo al duque de Aumale que está arreglando el castillo de Chantilly, antigua propiedad de los Condé. La operación fracasa y el cuadro es vendido al millonario estadounidense William Henry Vanderbilt.

El general Murat en la batalla de Aboukir (detalle)

La batalla de Abukir (1799) fue el último triunfo militar de Napoleón Bonaparte en Egipto antes de su retorno a Francia; frustrando el intento anglo-otomano de reconquistar Egipto.  
Un ejército turco de unos dieciocho mil hombres al mando de Mustafá Bajá, desembarcó en Abukir (Egipto), en marzo de 1799. Cuando Napoleón, que estaba sitiando Acre, fue informado de ello, levantó el cerco retirándose de Siria. Mientras estaba de camino al sur, los otomanos derrotaron a las pequeñas guarniciones francesas del litoral egipcio.  
El 14 de junio, el contingente francés de Napoleón alcanzó El Cairo con tan sólo unos siete mil soldados; el general reunió unidades de otras guarniciones y marchó hacia el norte. Encontró diez días después a los otomanos congregados en Abukir, junto a su flota, desplegados en tres líneas de batalla y dos fortines.  
Los franceses atacaron. Los inexpertos y atrasados turcos se defendieron valerosamente contra los más de diez mil soldados veteranos de las guerras revolucionarias. A mediodía, una carga de caballería del general Joachim Murat puso en fuga a los otomanos, tomó uno de los fortines y capturó a Mustafá; con él se rindieron seis mil hombres.  
Los franceses sufrieron unas 386 bajas. Los otomanos perdieron otros dos mil hombres muertos en combate, y más de cuatro mil ahogados. Otros dos mil quinientos turcos se encerraron en el castillo de Abukir, pero no disponían de agua potable. Durante la semana siguiente, un millar de ellos murieron; el 2 de agosto, los demás supervivientes izaron la bandera blanca.

La educación de Carlos Quinto: una lectura de Erasmo, de Charles Hamman

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Este cuadro, que forma parte de la corriente historicista del Siglo XIX, se encuentra en el Museo de Orsay, París.
Más información: Carlos V (pdf)
En el último epígrafe se habla sobre la educación europeísta, aunque utópica, que recibió, de donde nace su concepto de la Universitas Christiana, que consideraba era el objeto de su reinado. Dicho concepto se basaba en el de Erasmo de la “concordia entre los príncipes cristianos“, siendo partidario de la convocatoria de un concilio, al que no sólo fueran los católicos, si no también los reformistas, incluido Lutero.
Es posible, sin embargo, que fuera menos culto que su infeliz madre, aunque sí es cierto que conoció más idiomas que su hijo, Felipe II, que se desenvolvía mal en otros idiomas.

El rey menor inglés Eduardo V y su hermano el Duque de York, de Paul Delaroche

el rey menor Eduardo V y su hermano Duque de York
El rey Eduardo V de Inglaterra y su hermano el Duque de York, de Paul Delaroche, Museo del Louvre. París. Este cuadro fue presentado al salón de 1831.

La historia detrás del cuadro es simple pero trágica y aún hoy misteriosa. El rey Eduardo V, menor, fue encerrado por su tío, el futuro Ricardo III, duque de Gloucester, en la Torre de Londres, donde pronto lo acompañaría su hermano, el duque de York, de sólo 9 años. Con los niños en su posesión, Glocester procedió a maniobrar para declararles bastardos,  por el matrimonio anterior de su padre con Leonor Talbot, acusando pues al difunto rey de bígamo.

Una vez conseguido esto, nunca más se volvió a saber de los pequeños porque se prohibió a la madre, Isabel Woodwile, el acceso a su cárcel. Sin embargo, en 1674, unos trabajadores cuando hacían reformas en la Torre de Londres, encontraron dos esqueletos de niños o niñas. Al considerarse que eran los infantes, muertos de manera poco clara (como poco), se procedió a darles sepultura real.