Jardines del Campo del Moro

Jardines del Campo del Moro. Palacio Real o de Oriente. Madrid. Al fondo, la fachada este del Palacio.

Declarado de interés histórico-artístico en el año 1931, ocupa una superficie de unas veinte hectáreas, que se extienden, de este a oeste, desde la fachada occidental del Palacio Real hasta el Paseo de la Virgen del Puerto. De norte a sur sus límites quedan configurados por la Cuesta de San Vicente (lado septentrional) y la Cuesta de la Vega y el Parque de Atenas (lado meridional). 

Los jardines se caracterizan por salvar un pronunciado desnivel, provocado por el barranco existente entre el palacio y las riberas del río Manzanares. Fueron trazados en 1844 por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, quien ideó un conjunto formalista, si bien las obras de ajardinamiento no pudieron llevarse a cabo hasta finales del siglo XIX Éstas corrieron a cargo de Ramón Oliva, que alteró el concepto original mediante un planteamiento romántico. Anteriormente a esta fecha la zona estuvo prácticamente desatendida. 
Es uno de los tres recintos ajardinados que adornan el entorno del Palacio Real, pero, a diferencia de los otros dos (los Jardines de Sabatini y la Plaza de Oriente), su gestión no corresponde al Ayuntamiento de Madrid, sino a Patrimonio Nacional, organismo del que dependen las posesiones que estuvieron en manos de la Corona Española.

Anteriores posts sobre el Palacio Real de Madrid:
Palacio Real de Madrid: de noche.
Palacio Real de Madrid (2): atardecer.
Palacio Real de Madrid, iluminado para la Fiesta Nacional.
Plaza de la Armería, Palacio Real de Madrid, de noche.

Plaza de la Armería, Palacio Real de Madrid, de noche

Fue diseñada por Narciso Pascual y Colomer con la colaboración de Enrique María Ripollés y Vargas y las obras finalizaron en 1892. 

En la época del Real Alcázar en este lugar solamente existía una explanada conocida como Plaza del Palacio hasta que en el siglo XVII se construye un arco conocido como Arco de Palacio y la plaza también pasa a llamarse Plaza del Arco de Palacio. Este arco existió hasta el último tercio del siglo XIX. 

En el lugar que ocupa la plaza también estuvieron en el pasado las calles de Malpica, Santa Ana la Vieja, la de Pumar, la Plaza de Caballerizas y de Palacio las Plazuelas de los Pajes y del Postigo. 

Se muestra la fachada Sur del Palacio Real con un gran reloj y dos mástiles, uno donde ondea la bandera de España y el otro para colocar el estandarte real cuando el monarca se encuentra en Palacio. Existe una reja que divide esta plaza para evitar el acceso del público a lo que viene a constituir un patio exterior del propio Palacio. Ese patio creado da a una serie de aposentos y despachos y también se encuentra la Real Armería, que es uno de los museos de armas más grandes de Europa. 

En la plaza tiene lugar la ceremonia del cambio de guardia de la Guardia Real el primer miércoles de cada mes a las doce en punto.

Anteriores posts sobre el Palacio Real de Madrid:
Palacio Real de Madrid: de noche.
Palacio Real de Madrid (2): atardecer.
Palacio Real de Madrid, iluminado para la Fiesta Nacional.

Palacio Real de Madrid (2): atardecer

Palacio real de Madrid atardecer

Palacio Real de Madrid. Fachada norte.

El Palacio Real, cuyo proyecto ha llegado hasta nosotros en varias series de copias y del que se hizo una gran maqueta hoy perdida, había de levantarse en un terreno llano, pues Juvara no quiso de ninguna manera construir en el solar del antiguo porque su estrechez e irregularidad harían que el mejor arquitecto perdiese su crédito. Se desarrollaba ampliamente en horizontal, aunando reminiscencias e influencias francesas e italianas en la disposición general y en los alzados, dominados por un orden gigante sobre la planta baja almohadillada, conforme al consagrado modelo berninesco. Los cuatro grandes patios seguían la forma habitual en Italia; entre los dos principales se situaban la capilla y la biblioteca, y un lado entero del mayor estaba ocupado por las escaleras principales.
La armonía de la disposición general, la elegancia de los alzados y su enorme tamaño habrían hecho de este Palacio Real el más importante entre los llevados a cabo en Europa durante el siglo XVIII, y posiblemente el prestigio del arquitecto hubiera acabado convenciendo a Felipe V de que se construyera así, y no en el lugar del antiguo como era la voluntad del rey. Pero Juvara murió a principios de 1736, y cuando su discípulo turinés Giovanni Battista Sachetti llegó a Madrid al año siguiente se encontró que su misión no consistía -como antes había hecho en Rívoli, por ejemplo- en ejecutar los diseños de su maestro que le había recomendado a tal efecto, sino en idear un nuevo proyecto para el histórico solar del Alcázar adaptando el de Juvara a tal emplazamiento, cosa imposible en sí misma.
Sacchetti tenía listo el proyecto en 1737 y el 9 de abril de 1738 se puso la primera piedra del nuevo edificio concebido y construido con solidez para la eternidad. En nuestra opinión, el arquitecto turinés salió airoso de las dificultades que le imponían el programa a desarrollar y el ingrato emplazamiento, creando además un monumento noble, elegante y correcto dentro de los principios juvarianos directamente influidos por Bernini.

Anteriores posts sobre el Palacio Real de Madrid: Palacio Real de Madrid (1): de noche.

Palacio Real de Madrid: de noche (1)

Fachada izquierda del Palacio Real de Madrid, que se abre a la Plaza de Oriente y al Teatro Real.

“Con una extensión de 135 000 m² y 3418 habitaciones (en superficie, casi el doble que el Palacio de Buckingham o el Palacio de Versalles), es el palacio real más grande de Europa Occidental.[2] Alberga un valioso patrimonio histórico-artístico, destacando el conjunto de instrumentos musicales conocido como los Stradivarius Palatinos, y colecciones muy relevantes de otras disciplinas como pintura, escultura y tapicería. Las salas de Estado y las colecciones artísticas están abiertas a las visitas siempre que no haya actos oficiales”.

Sobre su construcción:

“Aunque en primer lugar se lo encarga a Filippo Juvara, será su discípulo, Juan Bautista Sachetti, quien se ocupe de realizar los planos definitivos tras la muerte del primero. Transcurren diecisiete años desde que se pone la primera piedra, en 1738, hasta que se terminan las obras encargadas por Felipe V. Será Carlos III -conocido con el sobrenombre de “el rey alcalde” por la gran cantidad de reformas e iniciativas que desarrolló en la ciudad-, el primer monarca que viva en el palacio y quien se ocupe de completar la decoración. Sus sucesores, Carlos IV – a quien se debe la creación del Salón de Espejos- y Fernando VII, añadieron al conjunto objetos de carácter decorativo, como relojes, muebles, arañas o candelabros”.