Madame Sabatier

Madame Sabatier, busto en mármol, obra de Auguste Clésinger. Museo de Orsay. París.

El busto presenta a la cortesana francesa Apollonie Sabatier que fue su amante alrededor del momento en que realizó este busto y sirviéndole de modelo en otras obras. Hija ilegítima del Conde Louis Harmand d’Abancourt, este organizó su adopción por el sargento del Ejército André Savatier, que estaba acuartelado cerca de Mezières, donde vivían.

La familia emigró poco tiempo después a París donde Apollonie acabó cantando en la Ópera Garnier, momento en el que conoció al escultor de este busto y se convirtieron en amantes. No fue el único: también lo fue, posteriormente, de Baudelaire por ejemplo, siendo una de las mujeres que le inspiró para escribir Las flores del mal.

Posteriormente, mantuvo un salón en París famoso por reunir a artistas muy importantes del momento como Flaubert, Victor Hugo, Gustave Doré, Hector Berlioz, Edouard Manet o el propio autor del busto fotografiado, Auguste Clésinger.

Mientras, Clésinger fue tanto escultor como pintor. Casado con la hija de Georges Sand, Solange Dudevant, tuvieron una hija de nombre Jeanne, apodada Nini, que murió en 1855, poco tiempo después de la separación de sus padres.

Está enterrado en el cementerio Père Lachaise de París.

Cristo bajando del pretorio, de Gustavo Doré (detalle)

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Judas Iscariote, detalle de Cristo bajando del pretorio, obra de Gustavo Doré, Museo de Bellas Artes de Nantes.

Es, sin duda, uno de los cuadros que más me ha impresionado, no sólo por la brillantez de su resolución (los colores, las expresiones, las telas, el dominio de la luz, etc.) y por el tamaño (482 × 722 centímetros), si no porque no entiendo cómo no es mucho más famoso. Pero impresiona aún más saber que es una réplica pintada por Doré tras haber pintado este mismo tema en otro cuadro que podemos denominar “original”, que es aún de mayores dimensiones (609 × 914 centímetros), que se expone en el Museo de arte moderno y contemporáneo de Estrasburgo.

El detalle que hoy os muestro es el correspondiente a Judas Iscariote, el traidor, que varía un poco entre el “original” y la réplica: en el primero, sólo tiene los ojos bajados, en esta versión parece tener miedo, su expresión está más clara que en el “original”.

Representa el momento descrito en Mateo 27, 31 y 32 (vía El Arte nos redime):

“Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.

“Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.”

El cuadro entero está aquí, donde podéis apreciar a Simón de Cirene en la parte más baja del cuadro cargando ya con la cruz. Los detalles de Cristo y la Virgen María están aquí y aquí.

La muerte de Santa Cecilia, de Étienne Gautier

La muerte de Santa Cecilia, Étienne Gautier. Museo de Orsay. Fue donada al Museo del Louvre por su propietario, el duque Filiberto de Rambuteau, fue destinado al Museo de Orsay en 1986, donde puede verse en la actualidad. 
Fue expuesto por primera vez en la exposición de París de 1878.

Más información:

“Condenada por haberse resistido a renunciar a su fe cristiana y a su virginidad , Cecilia muere a consecuencia de una tentativa fallida de decapitación ordenada por los jueces paganos. Castamente vestida con una túnica blanca de ribete bordado en oro y con una fíbula esmaltada prendida en ella , la santa lleva en sus brazos la palma del los mártires y una aureola de santidad rodea discretamente su rostro. Reflejo del mármol rojo imperial que sirve de fondo, su sangre mana de su cráneo y resalta vivamente sobre el peldaño de mármol blanco veteado . En primer plano, sobre un suelo decorado con un friso de grecas , el pintor ha colocado tres objetos simbólicos : la rosa cortada y colocada sobre la cimitarra ensangrentada indica la brevedad y también la pasión que caracterizaron la vida de Cecilia , mientras que la lira recuerda la música celeste , que , según La leyenda dorada escuchó durante su martirio y que la convirtió en patrona de los músicos.”

“Los NUBIOS” O “LOS CAZADORES DE ALIGATORES”

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Los nubios o Los Cazadores de Aligátores de Ernest Barrias (Museo de Orsay):

Este altorrelieve estaba destinado a la fachada de la galería de antropología del Museo de Historia Natural de París. Una réplica exacta de bronce sigue en la misma ubicación, en la calle Buffon. Se trata de representar “las razas humanas”, y Barrias eligió personajes de “tipo africano”. Este tipo de obra hacía referencia a las esculturas etnográficas, realizadas por Charles Cordier más de treinta años antes.
Los detalles de animales y vegetación, así como de las escamas del reptil o los pinchos de cactus, se expresan con una precisión naturalista. Sin embargo, para este tema, Barrias ha puesto en escena a sus personajes tal y como se hacía entonces en verdaderos “zoos humanos”. El escultor se ha acordado de una atracción de mucho éxito en 1878, en el Jardín de aclimatación: nubios en taparrabos simulando escenas de caza. El suspense era insostenible: ¿Salvará a la mujer de los colmillos del aligátor el hombre con la azagaya? ¿Se salvarán los niños? Esta representación que combina el imaginario de los tiempos primitivos con los modos de vida de los pueblos descubiertos a lo largo de las expediciones coloniales, no se aleja de los estereotipos, frecuentes en aquella época, en este tipo de representación.

Es “gemelo” de “Los cazadores de águilas”, ya tratado también en este blog.

San Juan Bautista, de Jean Dampt

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San Juan Bautista niño, de Jean Dampt, Museo de Orsay. París. 1881 (Siglo XIX). Obra en mármol. El original en yeso se encuentra en Dijon de donde era el artista. Para ver la maestría del autor sólo hay que observar la forma en que el niño se apoya de forma poco estable en un lado mientras reza, el tratamiento de los cabellos y del pequeño trozo de tela que le cubre una cadera, única prenda de ropa que lleva.
Algunas notas sopbe Jean Dampt: 
Hijo de un ebanista, estudió en la Ecole des Beaux-Arts de Dijon; a continuación, en 1874, bajo la dirección de François Jouffroy y Paul Dubois en la Escuela de Bellas Artes de París. Expuso por primera vez en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses en 1876, el busto del arquitecto Belot. En 1877, se produce un error y ocupa el segundo lugar en el Premio de Roma. Completó su servicio militar y luego organiza una Exposición de la Sociedad de Amigos de la Costa de Oro para promover el arte en su región. Participa en el grupo de los Seis con Alexandre Charpentier y Rupert Carabin , uniéndose con Pascal Dagnan-Bouveret y Carlos Schwabe. 
Cuenta con el patrocinio de la condesa Marie-Martine-Pol Béhague, para la que hizo la Sala de los Caballeros (París, Museo de Orsay) y el pequeño grupo de acero, marfil y oro titulado El Caballero Raymondin y el hada Melusina del que Emile Verhaeren dijo: “es una obra de esas que marcan una fecha.”. Para el mismo hotel particular de la condesa realizó el relieve titulado “Temps emportant l’Amour” , presentado en el Salón de París de 1898, que decoraba la gran escalera en mármol policromo, inspirada en la escalera de la Reina en Versalles, siguiendo la moda de la época. El edificio fue vendido para la instalación de la Embajada de Rumanía en París. 
Se presenta como militante idealista, Joséphin Péladan dijo de él , “Dampt debe ser considerado como uno de los mejores artistas de nuestro tiempo: a un conocimiento considerable, se une una conciencia extrema y la auténtica voluntad del ideal.”

"La Princesa Mathilde", de Jean Baptiste Carpeaux

La Princesa Mathilde, de Jean Baptiste Carpeaux. Museo de Orsay. París. Como consecuencia de este busto, se le encargó diversas obras de la Ópera de París, especialmente el conjunto La Danza, que se encuentra en la fachada de la llamada “Ópera Garnier“.
La Princesa Mathilde era la hija de Jerome Bonaparte, hermano de Napoleón, y de su segunda mujer, la princesa Catalina de Württemberg, hija del Rey Federico de Wurttemberg. Contrajo matrimonio con un noble ruso, Anatole Demidov, matrimonio que fue tormentoso por las personalidades tan vivas de ambos. Él quiso mantener a su amante a pesar del matrimonio y a pesar de que le habían elevado a la dignidad de Príncipe por el matrimoio, título que nunca fue aceptado en Rusia.
La familia imperial rusa siempre la apoyó a ella en sus problemas de Demidov. En la resolución judicial de separación fue condenado él a pagarla una pensión anual de 200.000 francos.
Ella continuó viviendo en París, donde tuvo un salón al que invitaba a literatos y pensadores, hasta prácticamente su muerte salvo un breve exilio en Bélgica tras la caída del Segundo Imperio Francés. De hecho, fue la única de la familia Bonaparte a la que se le permitió quedarse en Francia tras la expulsión de aquella en 1886.
Se dice que tenía una de las llaves de Les invalides.
Murió en 1904, a la edad de 83 años.

La recepción del Gran Condé por Luis XIV, de Jean-Léon Gérôme

La recepción del Gran Condé por Luis XIV, de Jean-Léon Gérôme. Museo de Orsay. París. 1878.

En la gran escalera de los Embajadores, en Versalles, Luis XIV se prepara a recibir al Gran Condé en 1674, reciente vencedor de la batalla de Seneffe contra Guillermo de Orange. Con este gesto, pone término a un exilio de casi quince años, destinado a castigar a “su primo” por haber dirigido la Fronda contra el poder real.
Gérôme condensa en un lienzo de formato modesto toda su pasión por la reconstitución histórica. Para que la escena sea plausible, utiliza diferentes fuentes iconográficas: grabados del castillo de Versalles o retratos de los personajes representados.La composición está dinamizada por una vista de abajo arriba y por el descentramiento de la gran X que la sostiene. Gérôme despliega una paleta refinada, en la que la claridad del conjunto y la frialdad de los mármoles son reavivados por los colores de los trajes y de las banderas.
Gérôme pinta este cuadro con la esperanza de venderlo al duque de Aumale que está arreglando el castillo de Chantilly, antigua propiedad de los Condé. La operación fracasa y el cuadro es vendido al millonario estadounidense William Henry Vanderbilt.

Cristo bajando del pretorio, por Gustavo Doré (detalle)

Cristo bajando del pretorio, de Gustavo Doré. Detalle de la Virgen María. Museo de Bellas Artes de Nantes. Estuvo cedido al Museo de Orsay en 2015.
El episodio que nos presenta es original, entre dos de los momentos más importantes de la Pasión de Cristo: el juicio y tortura en el pretorio y la crucifixión en el Monte Gólgota. Según su biógrafo y amigo, William Blanchard Jerold, se inclinó por pintar ese momento porque no ha sido reproducido prácticamente durante la Historia del Arte, tal y como le manifestó a Doré en una comida el Reverendo Frederick Hartford, canónigo de la abadía de Westminster, a quien había conocido en la Exposición Universal de 1867.
Hace multitud de bocetos de los distintos personajes, aunque al principio el cuadro era mucho más luminoso. Pero cuando se lo muestra a Frederick Hartford, éste se muestra decepcionado porque “el cielo debe estar cubierto; esa desgraciada jornada no pudo ser soleada”. Así que lo ensombrece progresivamente hasta que sólo existe iluminación en en Cristo en el centro de la escena.
La Virgen, fácilmente reconocible, es representada con colores blancos y azules según la tradición.

Anteriores posts sobre Gustavo Doré:

San Miguel combatiendo al dragón

Emmanuel Fremiet.Museo de Orsay. París. Hacia 1897.

En 1894, Fremiet fue elegido para realizar la estatua que tenía que coronar la aguja de la abadía del Mont-Saint-Michel. Por aquel entonces era un escultor famoso desde la colocación de su Juana de Arco en la plaza de las Pirámides de París en 1874 (1). Con ésta, fundó un nuevo realismo, mostrando una voluntad de describir con la mayor minucia, en la que el sentido de la precisión se combina con una verdadera búsqueda arqueológica. Al esquema casi barroco que procede de Rafael, prefiere la severa iconografía de la Edad Media. Frémiet elabora de este modo un arte didáctico y que rechaza el “Patos”, animado por la doble pasión por la historia y la ciencia.

Fue primero bajo la forma de una estatuilla destinada a la reproducción comercial que creó su San Miguel, en 1879. Hecho raro, dicha obra de 50 centímetros es la que fue elegida para ser ampliada a 2,20 metros de altura. Podemos prácticamente decir que el arquitecto la seleccionó a partir de catálogo. Esta práctica que permitía controlar de antemano el partido estético del artista, combinado con el “realismo histórico” de Fremiet, era particularmente acorde con la nueva visión de los monumentos históricos de Viollet-Le-Duc y de sus émulos, para la búsqueda de reconstituciones arquitectónicas.  

La estatua se distingue de la producción de Fremiet por el dinamismo de su silueta, que conviene imaginarse dorada en la versión del Mont-Saint-Michel y animada por juegos de luces al aire libre. Está realizada en cobre repujado: las placas de cobre son martilladas en taller, luego montadas encima de un armazón y ensambladas con remaches. Se obtienen de este modo obras relativamente ligeras: De lo contrario alzar un bronce en la cumbre de la aguja hubiera resultado une empresa insensata, debido al peso. Encargada de la ejecución, la casa Monduit produjo dos ejemplares más, uno para el campanario de la iglesia Saint-Michel de los Batignolles de París, y el otro para su sala de exposiciones: el ejemplar del museo de Orsay.

(1) Santa Juana de Arco de Frémiet.

Los cazadores de águilas de Jules Coutan

Los cazadores de Aguilas, 1893-1900, alto relieve en escayola, París, Museo de Orsay. Yeso. El bronce ejecutado en 1900-1901 se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural, galería de antropología (fachada a la calle), encargada por el Estado en 1893 bajo el título de Las Razas humanas. La escayola permaneció en depósito de la Escuela nacional superior de artes e Industrias textiles de Roubaix entre 1903 y 1986.

 Versión en bronce del museo de Historia natural. París.

L’Age Mûr, de Camille Claudel

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La Edad Madura. Camille Claudel. Museo de Orsay. París.

Después de la ruptura entre Camille Claudel y Rodin, este último intenta ayudarla mediante una persona interpuesta y obtiene del director de las Bellas Artes un encargo del Estado. La Edad Madura fue encargada en 1895, pero el bronce no fue nunca pedido ni la escayola fue entregada por Camille Claudel. Es el Capitán Tissier el que encarga el primer bronce sobre la pieza en 1902.
El grupo representa la duda de Rodin entre su antigua amante, que le recuperó al final, y Camille, que, para retenerle, se arrodilla con el cuerpo hacia adelante. Aparte de su historia personal, Camille realiza una historia simbólica, que entraña una meditación sobre las relaciones humanas. Ella misma se retrata bajo los rasgos de un personaje que ella misma denomina La Implorante, marcando así la tragedia que tenía marcada en su destino.
El hombre al final de su madurez, es vertiginosamente apresado por la edad, mientras que tiende una mano inútil hacia la juventud. las figuras desnudas están rodeadas de ropajes que vuelan y que acentúan la rapidez de la marcha.
Paul Claudel hablaba así de la obra: “Mi hermana Camille, la Implotante, humillada de rodillas, maravillosa, orgullosa, y ¿sabes que lo que se hace más duro? Que, ante tus ojos, se muestra su alma”.

Traducción hecha por mí.

San Juan Bautista, de Rodin / St John the Baptist, by Rodin

 

Esta figura está privada de los atributos habituales, la cruz y la filacteria, que permiten reconocer al santo. Solo queda el gesto de la mano derecha alzada que parece suspendida en el espacio, mientras que el rostro demacrado del santo describe el asceta que predica en el desierto. El enfoque de Rodin consiste en suprimir siempre lo que le parece superfluo o lo que da a la obra un sentido demasiado evidente.

Rodin contó cómo un campesino de los Abruzos, Pignatelli, le sugirió la idea de esta figura, al acudir para ofrecerse como modelo: “Al verle, me llenó de admiración; este hombre basto, hirsuto, expresaba en su forma de ser (…) toda la violencia, pero también todo el carácter místico de su raza. Pensé inmediatamente en un San Juan Bautista, es decir en un hombre de la naturaleza, un iluminado, un creyente, un precursor que acude para anunciar al alguien más grande que él. El campesino se desnuda, se sube a la mesa giratoria como si no hubiese posado nunca. Se planta, con la cabeza alta, el torso recto, apoyándose a la vez en ambas piernas, abiertas como un compás. El movimiento era tan justo, tan caracterizado y tan verdadero que me dije: “¡Pero si es un hombre andando!” Me decidí de inmediato en hacer lo que vi.” (Dujardin-Beaumetz, 1913).

Rodin y su método.

Para Rodin el artista no debía ser un esclavo del modelo, al contrario: era el artista el que escogía, con su propio ojo y sensibilidad, el objeto a representar y por medio de su imaginación era capaz de modificarlo para crear una imagen nueva a los ojos del mundo. 

Anatómicamente falta una lógica entre las proporciones, pues éstas son utilizadas para resaltar el sentimiento. El proceso por el cual están hechas sus esculturas es el vaciado, y aunque en la actualidad conocemos estas piezas trabajadas en bronce, en su época Rodin elaboraba estas piezas en yeso: vaciaba el yeso, material usado como borrador y desechado por los escultores, como una manera de criticar al circuito del arte y a la escultura en mármol (blanco igual que el yeso, pero infinitamente más costoso), reconocida como la única oficial. Su mensaje era claro: la imagen es superior al material con el que está construido.

(ENG)

This statue of St John the Baptist, is deprived of his usual characteristics, the cross and the phylactery, that normally contribute to recognise the saint. Only the gesture of the right hand remains that seems to be suspended in the air, while the emaciated face of the saint describes the ascetic who lived and preached in the desert. Rodin’s approach is always to deprive the images of everything that he deemed unnecesary or that makes them very easily recognisable.

Rodin himself told how a peasant from the Italian region of the Abruzzos, suggested him this image when he arrived at his study to model for him: “there was that rough, hirsute man, expressing with his manners and his behaviour the mystic character of his race. He made me think immediately of St John the Baptist, that is, a man of nature, an enlightened man, a believer, a pioneer that comes to preach about someone who is coming after him. The peasant gets undressed and then climbs onto the swivel base where he stands with the head held high, in both separated legs at the same time, like if he was a compass. The movement was so true, so natural, that I instantly thought “A walking man”. I began doing what I have just seen”.

For Rodin, the artist shouldn’t be a slave of the model; on the contrary, the artist was the one who should chose, with his own sensibility and perspective, the object to picture. He should also be able to change that model to create a new image for the world.

Anatomically, the proportions aren’t logical, but that’s because feelings are above it. The process to make the statue is the casting, and altough we know them now in broze, he actually made them in plaster, altough it was a material despised by the sculptors who prefered a nobler (and much more expensive) one like marble. His message was clear: in an sculpture, image is much more important than the material it is made with.

Cristo dejando el pretorio, de Gustavo Doré (detalle)

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Detalle de Cristo. Museo de Bellas Artes de Nantes. En préstamo en el Museo de Orsay en 2015 (la página de la exposición temporal, de la que tomé los dos párrafos, ya no está activa).

Cristo dejando el pretorio es sin duda una de las obras más ejemplares de Doré que la consideró como su obra maestra. El lienzo fue enrollado y enterrado durante la guerra de 1870, y posteriormente retrabajado hasta abril de 1872. Prueba del éxito del cuadro (reproducido en grabado sobre acero), Doré ejecuta nada menos que seis copias, la primera versión se encuentra actualmente en el museo de Estrasburgo.

El episodio se radica al final del proceso de Jesús, entre la presentación de Cristo al pueblo (Ecce homo) y con la cruz a cuestas. Jesús baja los escalones, dejando en la lejanía a Pilato y a los sacerdotes, mientras que una muchedumbre compasiva, recelosa o vindicativa, verdadero estudio de “tipos” humanos, le rodea de cada lado. Judas, a su derecha, gira la mirada hacia el espectador. Las mujeres santas se lamentan alrededor de la Virgen, vestida de azul, en la derecha. El arte espectacular de Doré accede aquí a toda su amplitud, debido al formato colosal de la pintura y a la abundancia de las figuras.

Anteriores posts sobre Gustavo Doré:

(ENG)

Christ leaving the Praetorium is, without doubt one of the most important works by Doré who always considered it as his masterpiece. The painting was carefully coiled and buried during the 1870’s war and afterwards Doré worked in it till April 1872. As evidence of the painting’s success (reproduced too in engraving on steel), Doré made six copies, the first of them being the one exhibited in Strasbourg museum.

The painting describes the end of Jesus’s judgement and conviction, between the presentation of Christ to the people (Ecce homo) and the image of Christ with the cross on his back. Jesus descends the stairs, leaving back Pontius Pilatus and the priests, while a compassionate, wary or vindictive crowd, huge portrait of human “types”, surrounds him on each side. Judas at his right, looks into the crowd. The saint women cry with the Virgin, dressed in blue at our right. Dore’s spectacular composition is shown here to the spectator in full, because of the colossal dimensions of the painting and the abundance of the figures.